lunes, marzo 17, 2008

La cosecha de mujeres nunca se acaba

El Sábado fui a probar suerte a una peña por los lares de Parque Patricios.
Carnavaleamos la noche entera, y no dejé escapar una sola chacarera. Fichamos a un tal rasta boy, bastante buen mozo pero que no soltaba su vinito. En un par de ocasiones intenté, miradita seductora, pero no se daba por aludido. A cambio, un gordito divino que tocaba el charango se me insinuó un par de veces. Hasta tuvo la amabilidad de invitarnos a una cerveza porque previamente me había preguntado con disimulo si me gustaba el vino.
Tipo 5 de la mañana, cuando Lipán hacía su último tema, el tal Rasta boy me agarró de la cintura para cerrar la despedida del carnaval recorriendo la pista cual borrachos de plaza, encima tuvo el tupé de decirme: me quedé con ganas de bailar una chacarera. Tarde piaste mi amor.

No hay comentarios.: