Y en un abrir y cerrar de ojos, zas, alguien deja de existir.
De repente siento como mi cabeza se remonta unos 8 o 9 años atrás...Ahí estaba yo, ahí estaba ella. Ambas sentadas en las mugrientas vainillas de la esquina de la escuela, ambas sentadas en los despintados tachos de la plaza Remedios de escalada.
La escuchaba hablar mientras fumaba uno de sus primeros cigarrillos. Que no podía dejar el vicio me confesaba a pesar de que había empezado a fumar hacía apenas 2 semanas.La mirada siempre triste. Alma dark le decía. Y debatíamos los más inverosímiles problemas adolescentes.
Adolescentes furiosas con la vida, la escuela y el sistema. Adolescentes seudo niñas que apenas saboreaban el amargo gusto de ser grandes. Con el uniforme de la escuela y un par de pulceras de tachas metálicas.A veces disfrutábamos de escribir con liquit paper en nuestras renegridas mochilas o de debatir acerca de anti christ superstar. Otras veces nos contentabamos con charlar sobre aros, sobre chicos o sobre la odiada Y.
Pero las charlas más extrañas eran las que manteníamos algunas tardes otoñales acerca de la muerte y el suicidio.
B siempre fue particularmente lírica. Casi siempre, o al menos una vez a la semana me enumeraba sus interminables intentos por quitarse la vida. Yo la escuchaba serena esperando, armando conjeturas e imaginando teorías psicológicas para dar posibles explicaciones a sus problemas. B agradecía sin sonreír, con su mirada perdida, inmutable pero viva.Pero las charlas más extrañas eran las que manteníamos algunas tardes otoñales acerca de la muerte y el suicidio.
Dejé de verla a los 14 años, por aquel entonces los años pasaban más lentos. Pero, un septenio más tarde tambien volvería a verla por última vez. Cruzamos palabras vacías, casi estúpidas diría.
Yo demasiado ebria, ella demasiado triste...
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