domingo, junio 07, 2009

EnfermaTE

Escribo mientras abollo otra de las tantas servilletas de papel, sadicas y rugosas, llena de bacterias pendencieras. Frente al escritorio contemplo una taza vacía con restos de té de manzanilla y un panorama de domingo bastante desolador.
La estufa prendida, la familia en el supermercado y mi perra dando vueltas por el living.
Mi cuerpo está dolorido de la última noche febril. Y mi boca conserva el asqueroso gusto al antibiótico. El amargo gusto de la penicilina.
Mi estómago también se queja. Hierve y se retuerce. Contiene casi un maremoto de ácidos de todo tipo y color que suben y bajan cuando se les antoja e intentan agujerear las paredes del susodicho.
Porque enfermarse no es así nomás.

No hay comentarios.: