viernes, junio 12, 2009

Lirica

Y en un abrir y cerrar de ojos, zas, alguien deja de existir.
De repente siento como mi cabeza se remonta unos 8 o 9 años atrás...
Ahí estaba yo, ahí estaba ella. Ambas sentadas en las mugrientas vainillas de la esquina de la escuela, ambas sentadas en los despintados tachos de la plaza Remedios de escalada.
La escuchaba hablar mientras fumaba uno de sus primeros cigarrillos. Que no podía dejar el vicio me confesaba a pesar de que había empezado a fumar hacía apenas 2 semanas.
La mirada siempre triste. Alma dark le decía. Y debatíamos los más inverosímiles problemas adolescentes.
Adolescentes furiosas con la vida, la escuela y el sistema. Adolescentes seudo niñas que apenas saboreaban el amargo gusto de ser grandes. Con el uniforme de la escuela y un par de pulceras de tachas metálicas.
A veces disfrutábamos de escribir con liquit paper en nuestras renegridas mochilas o de debatir acerca de anti christ superstar. Otras veces nos contentabamos con charlar sobre aros, sobre chicos o sobre la odiada Y.
Pero las charlas más extrañas eran las que manteníamos algunas tardes otoñales acerca de la muerte y el suicidio.
B siempre fue particularmente lírica. Casi siempre, o al menos una vez a la semana me enumeraba sus interminables intentos por quitarse la vida. Yo la escuchaba serena esperando, armando conjeturas e imaginando teorías psicológicas para dar posibles explicaciones a sus problemas. B agradecía sin sonreír, con su mirada perdida, inmutable pero viva.
Dejé de verla a los 14 años, por aquel entonces los años pasaban más lentos. Pero, un septenio más tarde tambien volvería a verla por última vez. Cruzamos palabras vacías, casi estúpidas diría.
Yo demasiado ebria, ella demasiado triste...


martes, junio 09, 2009

Otra vez me miro al espejo y me veo alimentando a un león con mis piernas. Veo como desgarra mi piel y mi carne, como se sacia y siente placer al oírme morir. Lo veo deleitarse con mis muslos, desgarrando mis nervios como si fueran hilos, sonríendo mientras lame mi sangre descubre mis huesos. Y yo lo amo y le regalo mis piernas.

Otra vez dejo pasar todo lo que odio que pase. Y no tengo mas nada, todo el amor del leon es prestado y pretencioso. Todas mis ganas de entregarme se mueren de vergüenza cuando ven sus dientes. Mi dolor pudo con su plan.

Y en rato cuando muera, cuando se muera lo que se debe morir, voy a recuperar la certeza de que no existo, de que no soy nada; de que nada causo y nada debo pretender. Esa soberbia que me empuja a pensar que algo merezco, que algo me deben, que algo va a volver a mi; esa soberbia y esa maldad que solo me lleva a suicidarme en las fauces de un león hambriento. Un leon que yo misma crié, ame, alimente y quise enseñarle a amar. Su naturaleza pudo mas. Mi naturaleza pudo mas.


Barbara Valentini (1988- 2009)

domingo, junio 07, 2009

EnfermaTE

Escribo mientras abollo otra de las tantas servilletas de papel, sadicas y rugosas, llena de bacterias pendencieras. Frente al escritorio contemplo una taza vacía con restos de té de manzanilla y un panorama de domingo bastante desolador.
La estufa prendida, la familia en el supermercado y mi perra dando vueltas por el living.
Mi cuerpo está dolorido de la última noche febril. Y mi boca conserva el asqueroso gusto al antibiótico. El amargo gusto de la penicilina.
Mi estómago también se queja. Hierve y se retuerce. Contiene casi un maremoto de ácidos de todo tipo y color que suben y bajan cuando se les antoja e intentan agujerear las paredes del susodicho.
Porque enfermarse no es así nomás.