domingo, noviembre 30, 2008

Big girls don't cry

De pronto me vi inmersa en una típica escena de película de drama barata.
Madrugada de sábado lluviosa. Torrencialmente lluviosa. Restos de vómito en el suelo y tu cara pálida. Yo al lado tuyo con mi vestidito de flores nuevito y ya no tan radiante, húmedo por las gotas que no dejaban de golpear mi cuerpo.
Tus ojos perdidos y la crueldad de siempre en la punta de tu lengua. Con tu mirada indiferente y tus fracesitas que a esta altura podría repetir de memoria. Porque bien puedo decir que nuestra historia es cíclica y sistemática.
Entonces con tu mejor tonito de hijo de puta me dijiste chau sin que nada de lo que había pasado hasta entonces te moviera ni un pelito. Y vomitaste y me volviste a mirar con tus ojos llenos de oscuridad y esa energía negativa que de a poco va sellando tu alma.
De pronto, como si me hubieras contagiado tus arcadas, yo también me encontré vomitando la cruda realidad de mis sentimientos.
Que te ibas a morir te dije. Porque el cuerpo es un claro reflejo de la enfermedad que todos llevamos dentro. Y de a poco toda la mierda que acumulas, se transforma en veneno y tu alma inofensiva y vulnerable va muriendo de a poquito. Que te amaba y me dolía. Porque me duele verte, y que tu agonía contamine mi aura. Porque yo no me quiero morir y por eso basta, chau Edu, hace tu vida.
Con un beso indiferente y tan frío como tu corazón sellaste la última y amorfa despedida, saludaste a los chicos desde lejos y desapareciste, caminando por las calles de villa crespo, debajo de la lluvia y sin paraguas.

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