Mi terapeuta dió en el clavo. La palabra recibir no existe en mi diccionario de palabras posibles.
De repente me di cuenta que estos últimos 3 meses habían sido como derramarse el café con leche en la pulcritud de la nueva pollerita blanca. Totalmente inesperados.
Sigo soñando con E. Entra y sale de mi cabeza como se le da la gana. Sabe que tiene ventaja.
A veces pienso que mi incapacidad para aceptar ayuda es un reflejo perfecto de mi incapacidad sexual. Y acá hablo de una incapacidad que va más allá del mismisimo acto de coger. Sentir la satisfacción de poder saciar hasta la más íntima fantasía y deseo de un hombre y ver como deposita su confianza ciega en ese momento de entrega. Ahí se nos presenta la posibilidad, la maravillosa posibilidad de la omnipotencia. De saber que en ese momento sos dueña y mentora de placer. De percibir la vulnerabilidad de la especie ante tus mismísimos ojos y ver de repente la situación como una dicotomía.
Mi situación con respecto a E. creo que va por ese lado. Tuvimos unos cuantos descuidos en cuanto a entrega se remite. Permitirnos disfrutar de vez en cuando.
Ahí entra en juego la compensación junguiana. Personalidad Yang, complemento Yin.
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