Darme cuenta que llegado el momento me cuesta no preferir la enfermedad del sadismo malvado y desgastador con el que estaba acostumbrada a lidiar.
Verme inmersa en un vínculo sutil y confortable. Pero que a la vez demanda el esfuerzo de lo real. Me digo: eso significa involucrarse.
Por momentos volver a las estúpidas fantasías de una especie de groopie, objeto sexual y agarrarme de cualquier excusa para autosabotear mis planes de hermosa felicidad.
Porque es más sencillo tener un motivo por el cual sufrir, que conectar con la profundidad de lo que sentimos.
Sentirme siempre al borde.
Basta
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