Mi abuela, mi tía, todo el mundo se regocija de ver mi privacidad al descubierto. Como si estuviera desnuda frente al mundo. Y P tiene el tupé de seguir con sus chismes, casi al extremo de venir a decirle a mi madre toda su ponzoñosa versión en la cara. Como un borracho a punto de vomitar, que en cualquier momento explota, que en cualquier momento larga toda esa porquería en la esquina de la plaza.
Lo único que necesito es tranquilidad. Dejame en paz. No entiendo la vida de pueblo, no entiendo tus reproches, no entiendo tu chusmerío provinciano.
Al pan pan y al vino vino.
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