jueves, agosto 05, 2010

Panorama halagador

El trastorno alimenticio era la alarma,
Han de tenerse presentes unas cuantas normas, o mejor dicho, saber improvisar cuando la situación lo requiere.
Si tuviera que enumerar una serie de hechos que son milagrosamente eficientes en relacion a mi desdicha diría que el invierno me molesta paricularmente. Las mañanas se vuelven tan poco atractivas que los rostros exponen incoscientemente gruñidos de perro y las comisuras de la boca la rigidez digna de una oclución intestinal. Horrible y gélido.
Siento que las vacaciones tuvieron la consistencia de un souffle, claras batidas a punto nieve, practicamente nula. Cuando como soufflé, siempre quiero más o uno pasa a sentirse estafado e insatisfecho. Si a esto le sumo, lo cruento de levantarse a las 6 de la mañana y el sudor helado bajo la axila que guarda la remera al final del día, el resultado es un sadismo efervescente. Entonces la idea de orinarles en la cara a los transeuntes me parece fabulosa.
Le dije a mi psicologa que no quería volver más, su expresión no se inmutó, parece que estaba de acuerdo. Apelando a su formación sitémica me propuso la confección de una conclusión a modo de cierre, ¿qué tal tu trastorno alimenticio no especificado?. En mi vida nada está especificado, y lo más desdichado de la época fuerte del TA fue querer desaparecer de la faz de la tierra o contentarme con lo ilusorio de depurar el odio adolescente a través de un masoquismo descorazonado. ¿quién pudierra arrancarse la piel podrida, el cebo mórbido? El excedente siempre es excedente, los que tenemos el TA lo materializamos constantemente. En realidad supongo que lo irritable del asunto es que uno pasa a ser el mismísimo exceso, y lo ideal en esos casos es victimizarse como si el diablo mismo estuviera empecinado en aparecer detrás del espejo. La genialidad hubiere radicado en despertar hecha un cadáver.
Me pregunto como sigue todo, por lo pronto una mueca obsequiosa.