Aunque la verdadera función de mi terraza (o al menos la función que yo le acredito), es la de contener a mi terraza secreta. A ella se llega subiendo por dicha escalerita. En realidad no es tan secreta porque toda mi familia conoce de su existencia, pero pocos (o quizás yo sola) conocemos su verdadera utilidad.
A mi me gusta subir tipo 6 y media 7. Cuando se acerca el atardecer y el cielo se ve cálido. En la terraza podes pensar, podes fumar y podes mirar pajaritos. Pero lo mejor es hacer todo eso al mismo tiempo. Yo tengo mis baldosas predilectas, bien elegidas para tirarme panza arriba ni bien termino de subir la escalerita. Me acuesto y armo un tabaquito, lo enciendo y miro la extensión celeste limpia de edificios. Solo para mí, me espera siempre. Y mientras lo observo me encanta pensar un millón de cosas lindas. Hombres, viajes, paisajes y a veces mis paseos con la bicicleta son los temas más recurrentes. También invento historias y me las cuento.
Cuando se acaba mi tabaquito, siempre pienso que me gustaría tener una cámara de fotos para capturar un pedacito de cielo. Pero las fotos no capturan olores, sensaciones ni pensamientos. Por eso siempre me digo que no vale la pena y me acuerdo de que quizás por eso mi terraza es tan secreta. A veces me gusta compartirla. Suben amigos, pero nunca a las 6 y media 7, porque ese es mi lugar en el tiempo. Mío y de mi cielo. Mi cielo y mi tabaco. Mis baldosas y mi escalerita. Mi terraza secreta.
